domingo, 31 de mayo de 2009

El lugar donde murió mi padre


Muchos años más tarde, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía recordaba aquella tarde lejana en que su padre lo llevó a conocer a su ejército. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de madera de mala calidad construidas a la orilla de un río de aguas transparentes que se recorrían un camino de piedras rocosas, oscuras y gigantes como huevos de dinosaurio. El mundo era tan joven, que pocas cosas tenían nombre, y para mencionarlas había que señalarlas o hacer algún gesto. Fue en ese mismo lugar, donde cruelmente murió su padre, y a donde acude cada año a recordar ese día.

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